Home 2019 April Father James’ Easter Letter 2019

Father James’ Easter Letter 2019

Father James’ Easter Letter 2019

“Rise, let us be on our way” (Mk 14:42)

Dear Parishioners,

“Rise, let us be on our way” (Mk14:42). These are the words of the Blessed Lord in the Garden of Gethsemane before his betrayal and arrest. Even in his darkest and lowest moment, Jesus insists on those sweet words of hope––rise, let us be going. It is a gentle reminder to never give oneself to despair even if the horizon is unpromising.


If we backtrack a little, we find in the Holy Scripture that Jesus was condemned to death on three grounds: that he frequents the company of sinners (Mt11:19); that he heals on the Sabbath (Mk3:2); and that he claims to be the Son of God (Jn10:33). Who are the sinners he forgives and the infirm he heals? It is you and me. This is why the life of Jesus, and in particular, his death and resurrection, is powerfully relevant because they result cure and redemption to sinners.

When Jesus breathed his last, the earth shook and revolted (Mt27:51). The whole world convulsed like a body being freed from demonic possession. The death of Jesus shatters the foundation of rebellious world and frees all of God’s creation (Rm8:22). Only the death of Jesus reaped such cosmic reaction. His death was so powerful that the tombs were split open (Mt27:52) and his own tomb could not hold him (Mk16:6). He rose on the third day as he promised (Lk24:7). Even the fittest and the most adventurous cannot peak the heights nor can they bottom the depths of what Jesus had done. He presses to great lengths to bring the healing balm of love to a bruised and wounded soul. And when he finds it, he says these sweet words of hope, “Rise, let us be on our way” (Mk14:42).


Happy Easter!

Fr. James F. Oropel

Pastor

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“Vamos, levántense” (Mc 14:42)


Estimados Feligreses,


“Levántense, y vamos” (Mc 14:42). Estas son las palabras del Bendito Señor en el Jardín de Getsemaní antes de ser desafiado y arrestado. Aun en su momento más oscuro e inferior, Jesús insiste en esas dulces palabras de esperanza—vamos, levántense . Es un recuerdo gentil de nunca darnos por vencidos aun cuando el horizonte llega sin promesa.


Si retrocedemos un poquito, podemos encontrar en la Santa Escritura que Jesús fue condenado a la muerte sobre tres acusaciones: que el frecuenta la compañía de pecadores (Mt 11:19); que el sana en sábado (Mc 3:2); y que el clama ser el Hijo de Dios (Jn 10:33). ¿Quiénes son los pecadores que el perdona y al enfermo que el sana? Ese eres tú y yo. Esto es porque la vida de Jesús, y en particular, su muerte y resurrección es poderosamente manifestada porque es el resultado de la curación y redención a los pecadores.


Cuando Jesús suspiró su última respiración, la tierra tembló y se estremeció (Mt 27:51). El mundo entero convulsionó como si fuera un cuerpo liberado de la posesión del demonio. La muerte de Jesús rompe la fundación del mundo rebelde y libera toda la creación de Dios (Rm 8:22). Únicamente la muerte de Jesús cosechó tal reacción cósmica. Su muerte fue tan poderosa que las tumbas se dividieron (Mt 27:52) y su propia tumba no pudo detenerlo (Mc 16:6). El resucitó en el tercer día como había prometido (Lc 24:7). Aun el más aventurero y potente no puede lograr los niveles de altura como también las profundidades de lo que Jesús logró. El hace el gran esfuerzo de conseguir el bálsamo curativo de amor al alma mallugada y herida. Y cuando la encuentra, él dice estas dulces palabras de esperanza, “vamos, levántense.” (Mc 14:42).

¡Feliz Pascua!

Rev. Padre James F. Oropel

Párroco

 

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